El cuerpo puede soportar cinco semanas sin recibir proteínas, carbohidratos o grasas, pero jamás cinco días sin agua. Su composición es vital para nuestro organismo y su carencia podría acarrearnos la muerte o, en el mejor de los casos, un agudo cuadro de deshidratación. ¿Qué debemos hacer para conservar las cantidades necesarias de este líquido en nuestro organismo?